Algunas veces, cuando entramos al colegio o al instituto, parece que todo está dividido en solo dos grupos: chico o chica. Como si no existiera nada más. Pero la realidad es más variada. No todas las personas se sienten cómodas con el género con el que nacen. Cuando hablamos de género sentido, nos referimos a cómo se siente una persona por dentro, cómo se identifica y cómo quiere que la gente la reconozca. A veces coincide con el sexo que le asignaron al nacer y otras veces no.
El colegio es el lugar donde pasamos una porción significativa de nuestra infancia y adolescencia. Son años cruciales porque estamos descubriendo quiénes somos. Imagínate tener que fingir todos los días ser alguien que no eres; eso cansa mucho y puede hacer daño. Además, no es algo que puedas fingir todos los días, ya que afecta a la salud mental. La UNESCO ha explicado que cuando un colegio no respeta la identidad de género del alumno, pueden aparecer problemas como ansiedad, tristeza o incluso ganas de dejar el colegio. Si una persona no se siente aceptada, es arduo que pueda concentrarse y aprender con tranquilidad, ya que con las miradas o juicios de valor de los compañeros, te puedes llegar a sentir incómodo, haciendo que sea más complicado concentrarte.
Uno de los temas más cruciales es el nombre. El nombre forma parte de quienes somos. Que te llamen por un nombre con el que no te identificas puede doler mucho, ya sean insultos o apodos. Es como si cada día te recordaran algo que no encaja contigo. En España hay una ley conocida como «Ley Trans», que dice que los colegios tienen que respetar la identidad de género de los menores. Esto significa que si un alumno pide que le llamen por otro nombre o que usen ciertos pronombres, el colegio tiene y debe respetarlo. No es un favor que tengas que pedir, es un derecho que los profesores o alumnos tienen que cumplir. Cuando un profesor usa el nombre correcto, está diciendo algo muy importante con solo ese gesto, ya que se expresa como «te respeto tal y como eres». Ese gesto puede hacer que la persona se sienta más segura y valorada.
Otro tema complicado son los baños y los vestuarios. Para algunas personas trans o no binarias, entrar en estos espacios puede ser muy incómodo. Pueden sentir miedo a las miradas, a los comentarios o a que alguien les diga algo desagradable. Ir al baño es algo normal para todas las personas, pero para algunas personas puede convertirse en un momento de estrés o incomodidad. Por eso, muchos expertos dicen que sería buena idea tener baños neutros o normas claras que protejan a todo el mundo. El colegio debería ser un lugar seguro, no un sitio donde alguien se sienta juzgado por cómo es.
También es fundamental que existan normas claras en los centros. No todo puede depender de si un profesor es más comprensivo que otro. Deben existir protocolos que expliquen qué hacer y cómo actuar en estos casos. En lugares como Canarias, por ejemplo, hay guías que ayudan a los colegios a tratar estos temas de forma más respetuosa. Tener reglas claras ayuda a que nadie tenga que ponerse a improvisar y cometer un error; por eso, las reglas claras pueden hacer que todos sepan cómo apoyar al alumno.
El papel que tienen los profesores y los orientadores es muy importante. Cuando un alumno decide contar cómo se siente, está dando un paso muy valiente. Hablar de algo tan personal es complicado y pocas personas se atreven a expresar sus sentimientos. Por eso, necesita encontrar comprensión y apoyo. Si recibe rechazo, burlas o insultos, el daño puede ser muy grande, ya que esa persona nunca más volverá a expresar sus sentimientos, por sentirse rechazada, y tendrá miedo de ser criticada otra vez. En cambio, si encuentra adultos que escuchan, acompañan y apoyan, se sentirá más segura.
Además, la cooperación del profesorado es importante también para prevenir el bullying. Cuando en un centro se habla con naturalidad sobre la diversidad y se enseña que todas las personas merecen respeto, el ambiente mejora. La diversidad no es un problema, ya que forma parte de la sociedad. Cuanto antes aprendamos a respetarla, mejor será la convivencia.
En fin, se trata de respeto. Respetar la identidad de otra persona no es darle un privilegio especial. Es reconocer su derecho de ser quien es. Un colegio o instituto que cuida estos detalles está formando personas más empáticas y más abiertas. La educación no solo consiste en aprender matemáticas o lengua; también se trata de aprender a convivir.
Todavía queda mucho por mejorar. Hay gente que no entiende bien estos temas o que critica por los prejuicios que tiene. Por eso, es importante hablar, explicar y escuchar. Cuando se habla con calma y con información, es más fácil comprender.
Al final, lo que todos queremos es sencillo: ir a clase tranquilos, aprender, reír con nuestros amigos y sentirnos seguros en el lugar donde estamos. Nadie debería tener miedo de ser quien es.
